Chiapas se convertirá en sede de una de las apuestas sanitarias más importantes para la ganadería mexicana en los últimos años. Autoridades de México y Estados Unidos inaugurarán en Metapa de Domínguez una planta dedicada a la producción de moscas estériles para combatir el gusano barrenador del ganado, una plaga que volvió a encender alertas en el sector pecuario después de décadas de estar erradicada en el país.
La presidenta Claudia Sheinbaum informó que acudirá a la entidad junto con la secretaria de Agricultura de Estados Unidos, Brooke Rollins, y el embajador estadounidense en México, Ronald Johnson.

La ciencia detrás de las moscas estériles
La estrategia se apoya en una técnica que ya ha sido probada: criar moscas del gusano barrenador, esterilizarlas mediante irradiación y liberarlas en zonas donde se detecta actividad de la plaga. Cuando los machos estériles se aparean con hembras silvestres, no hay descendencia viable y la población del insecto comienza a reducirse de manera gradual.
Las larvas del gusano se alimentan de tejido vivo en animales de sangre caliente, principalmente ganado, aunque también puede afectar mascotas, fauna silvestre e incluso seres humanos en condiciones específicas. En la ganadería, una infestación sin atención oportuna puede causar heridas graves, pérdidas económicas y restricciones comerciales.

La planta de Metapa tendrá capacidad para producir más de 100 millones de moscas estériles por semana cuando alcance su máximo rendimiento. El complejo fue adaptado con áreas de biocontención, equipos especializados y condiciones controladas para criar la cepa que será utilizada en territorio mexicano. En paralelo, especialistas del Senasica han trabajado en una variedad adaptada al clima del país, un detalle técnico que puede marcar diferencia en la eficacia de las liberaciones.
Comercio ganadero bajo presión sanitaria
El regreso del gusano barrenador a México desde finales de 2024 tuvo efectos más allá del campo. Estados Unidos aplicó restricciones temporales a las importaciones de ganado mexicano, lo que presionó a productores, exportadores y autoridades sanitarias. Para una industria donde la confianza zoosanitaria es tan importante como el volumen de producción, contener la plaga se volvió una prioridad económica y diplomática.
La respuesta ha sido amplia y, sobre todo, constante: vigilancia en campo, atención inmediata a animales afectados, capacitación directa a productores y liberaciones aéreas de moscas estériles en puntos estratégicos. En estados como Tamaulipas, Nuevo León y San Luis Potosí, brigadas técnicas recorren ranchos, revisan reportes y afinan la coordinación con autoridades locales, en una dinámica que mezcla ciencia con trabajo de campo diario.
La presencia de USDA y APHIS deja claro que esto no es un problema que se quede dentro de una línea en el mapa. La ganadería entre México y Estados Unidos funciona como un circuito compartido, donde cualquier falla repercute en ambos lados.