El uso de energías alternativas han vuelto centro del debate energético, ya que la presidenta Claudia Sheinbaum, ha planteado reducir la fuerte dependencia de México del combustible importado desde Estados Unidos y apostar por una mayor producción nacional, pero sin recurrir al fracking tradicional.
Así, esta propuesta abre varias interrogantes clave para el país: cómo garantizar electricidad suficiente, cómo mantener precios estables en los combustibles, mientras también se busca reducir las emisiones contaminantes.
México busca producir más gas natural a nivel nacional
Actualmente, el gobierno de Claudia Sheinbaum ha comenzado a analizar la posibilidad de aumentar la producción nacional de gas natural.
Esto con el objetivo de reducir la fuerte dependencia de importaciones desde Estados Unidos, que actualmente cubren cerca del 75% del consumo en México.
De acuerdo con datos de la Administración de Información Energética (EIA por sus siglas en inglés), en el corte de noviembre de 2025, Estados Unidos exportó poco más de 187 241 millones de pies cúbicos de gas natural hacia México.
De esta manera, el objetivo principal de esta propuesta apunta a fortalecer la soberanía energética y evitar riesgos ante las variaciones de precios o problemas climáticos en Texas, quien es el principal proveedor de este recurso.
Hoy, 18 de febrero de 2026, la presidenta reconoció que su administración estudia distintas alternativas para elevar la extracción de gas, incluyendo el llamado “gas no convencional”.
Y aunque no existe una decisión definitiva, el debate ya abrió la puerta a revisar técnicas como la fractura hidráulica, mejor conocida como «fracking».

¿Qué es el «fracking» y por qué su aplicación genera tanto debate?
El «fracking» consiste en perforar pozos a profundidades que pueden alcanzar entre los 2 500 y 5 000 metros. Después, las empresas inyectan a alta presión millones de litros de agua mezclada con arena y aditivos químicos para fracturar rocas, y liberar el gas atrapado en formaciones como el shale.
Esta técnica es popular por haber impulsado la producción energética en Texas, y hoy representa alrededor del 70% del gas que produce Estados Unidos.
Sin embargo, el método genera bastante controversia, ya que diversas organizaciones ambientalistas advierten sobre daños a los mantos acuíferos, a su alto consumo de agua, a las emisiones de metano e incluso a inducción de sismos.
Y aunque las regulaciones exigen el uso de sellos de cemento y de controles estrictos para su aplicación, en distintas regiones del mundo persisten los cuestionamientos hacia esta forma de extracción de hidrocarburos.
¿Se buscarán alternativas para el «fracking»?
Durante su conferencia matutina, Sheinbaum explicó que un grupo de especialistas evaluará la viabilidad técnica y ambiental del gas no convencional.
Y entre las distintas opciones, se contempla el reciclaje de agua y el uso de químicos menos contaminantes para la extracción del gas natural. Asimismo, la mandataria aseguró que cualquier decisión que se tome, priorizará la transparencia y el menor impacto ambiental posible.
Este análisis contrasta con su postura inicial de no impulsar el «fracking», pero a su vez responde a la necesidad de incrementar reservas en zonas como Burgos, la cual abarca los estados de Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila, contando así con 81 campos de explotación.
De esta forma, la meta del gobierno de la 4T consiste en elevar la producción de Pemex de 3 500 a 5 000 millones de pies cúbicos diarios, y reducir gradualmente el uso de combustóleo en plantas eléctricas.
¿Cuál es el reto energético para México?
México cuenta con un alto potencial gasífero, aunque especialistas estiman que sin el «fracking» la capacidad de extracción podría reducirse hasta un 50%.
Por ello, el gobierno también apuesta por optimizar los campos convencionales, modernizar la infraestructura actual, y dar mayor peso a las energías renovables como la solar y la eólica, que actualmente aportan entre 15% y 20% de la matriz eléctrica.

